Conversaciones · Tres preguntas a Gema Fernández Martínez, poeta y cantante
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Poeta, cantante y dramaturga, Gema Fernández Martínez ha construido una trayectoria en la que dialogan la palabra, la música y la escena.
En esta conversación responde a las tres preguntas habituales de Revista ERAGIN.
- ¿Qué lugar te ha enseñado algo que ningún libro podía enseñarte?
Un piso vacío al que llegué después de una mudanza. Una mudanza que, en realidad, no era más que el acto apresurado de trasladar los silencios de un lugar a otro.
Llegar a aquel habitáculo extraño, a ese espacio que aún conservaba la huella de antiguos inquilinos y de fantasmas ajenos, que ignoraba por completo los capítulos de mi historia y, precisamente por ello, me ofrecía la posibilidad de narrarme de nuevo, me enseñó más sobre mí misma que ninguna otra experiencia.
Allí comprendí que poseer es apenas una interrupción momentánea entre dos formas de desprendimiento. Y que la violenta ruptura con lo conocido, ese tubo de ensayo de la incertidumbre en el que toda mudanza nos convierte, constituye un paréntesis necesario para ordenar en la alacena de la experiencia aquello que merece ser conservado: los cimientos sobre los que edificar la persona que deseas ser.
- ¿Qué pregunta te acompaña desde hace años y todavía no has conseguido responder?
La pregunta que todavía no he conseguido responderme es cómo la esperanza sobrevive en tiempos tan oscuros.
No hablo de la esperanza ingenua. Me refiero a esa esperanza sobria y resistente, la que persiste incluso cuando la realidad parece haber agotado todo argumento que justifique su existencia. Me fascina esa obstinación tan profundamente humana de seguir inclinando la mirada hacia el futuro, de constituirse como forma silenciosa de rebeldía; la negativa a concederle al dolor, la resignación o el abatimiento la condición de relato definitivo. Es, en mi opinión, una de las incógnitas más hermosas que plantea el estudio de la psique humana.
- ¿Qué palabra salvarías del olvido?
Ternura.
"La ternura es la forma más modesta de amor", escribe Olga Tokarczuk.
Dado que el lenguaje construye realidades, salvaría del olvido la palabra ternura, una forma de habitar el mundo en un momento donde la hostilidad y el odio gratuito han monopolizado el marco narrativo del presente.
📷 La fotografía es de Víctor Pérez