OTRA PUERTA CERRADA
partekatu
Hay puertas que fueron hechas para proteger una casa y otras que parecen destinadas a custodiar una historia.
No sé quién vivió detrás de ésta. No sé qué voces cruzaron su umbral, qué alegrías o qué despedidas dejaron una huella invisible en la piedra. Tampoco sé si sigue habitada o si pertenece ya a ese territorio ambiguo de las casas que siguen en pie mientras el tiempo se retira lentamente de ellas.
Lo que me atrae de esta imagen no es la arquitectura ni la belleza austera de sus líneas. Es la sensación como de espera.
La fotografía nos habla de esa mezcla de belleza y desasosiego que producen las cosas incompletas. A veces habita en lugares inaccesibles, en las habitaciones que ya no veremos, en las conversaciones que nunca escucharemos y en las vidas que apenas intuimos a través de una fachada.
Toda puerta cerrada es una invitación a la imaginación.
Por eso la literatura se parece tanto a caminar por calles desconocidas. Avanzamos entre muros blancos, observamos señales dispersas, recogemos lo que la intuición nos deja entrever y tratamos de reconstruir un mundo que nunca se nos muestra por completo. El relato comienza allí donde termina la certeza.
Quizá por eso esta imagen me devuelve a una idea que aparece una y otra vez en los libros que merecen ser recordados: la convicción de que los territorios más importantes no son los que exploramos con los pies, sino los que recorremos con la memoria.
La puerta sigue cerrada.
El camino, sin embargo, permanece abierto.Al menos, eso parece.
Santorini, 2012.